El proceso de la emoción

Quiero compartir con vosotros esta sesión de una clase de Formación actoral que impartí hace varios años. Creo que se trata de un buen ejemplo de cómo el llamado Teatro de la Vivencia es una decodificación de los procesos humanos que permite actuar “como sí” la situación del personaje fuese la del interprete, asumiendo sus circunstancias pero sin necesitar creerse la ficción. De aquí que esta metodología sea la que apliquemos en nuestros talleres de TTG

“La escena de Ester”
Ester está atravesando una crisis profesional y siente que necesita entrenarse. Le ofrezco entrar al grupo de formación más avanzado que tengo en ese momento. Es un grupo con un buen nivel interpretativo pero ella es la única actriz profesional. El hecho de que los compañeros la reconozcan como actriz unido a la inseguridad que padece a raíz de su crisis le produce un nivel de auto exigencia muy grande.

Antes de adjudicarle un texto le pido que haga una escena improvisada con algún compañero. Mi objetivo es conocerla en escena y que ella se familiarice con nosotros antes de abordar un trabajo más profundo.

Al comenzar la escena, Ester aparece en un decorado que representa el salón de una casa. Sin que medie ningún estímulo, Ester comienza a actuar de un modo que todos reconocemos como “estar desesperada”: tira cosas al suelo e intenta, infructuosamente, llorar. Su interpretación, obviamente, lejos de ser creíble resulta cómica por lo exagerado.

La interrumpo y le pregunto qué es lo que estaba intentando hacer, cuál era su acción. Entonces empieza a relatar la historia: estaba esperando al hombre que amaba y ante la demora de este, se desesperaba tanto que cuando él llegaba la encontraría totalmente desencajada y fuera de sí (a partir de ese encuentro sucedería determinado conflicto que no cito, porque carece de importancia tanto para lo que quiero contar ahora como para lo que sucedió en esa clase).

– Si es así, le digo, tan solo siéntate y espera. No quieras sentir, la emoción llegará sola como producto de la acción.

Mi comentario la decepciona y argumenta que su escena está basada en un hecho real y que ella sabe que la protagonista de la historia ha obrado así. Insisto en que si no espera de verdad, no podrá transitar ninguna emoción y mucho menos transmitir lo que siente a su amado, por lo que se quedará sin saber lo que representa para ella desesperarse esperando.

La protagonista de la historia real lloró. Le digo: “Quizás tú no llores. Quizás te dé un ataque de risa o cualquier otra reacción que no esperas pero si es auténtica, te permitirá transmitir tu manera singular de vivir la desesperación. De otra forma no pasará de ser un cliché”.

Ella intenta seguir defendiendo su postura y su derecho a intentar llorar, aunque sea producto de un esfuerzo.

Naturalmente que no se trataba de explicarle a Ester que Stanislavki ya había decodificado los procesos humanos y sabía que no es haciendo un esfuerzo físico como se consigue llorar con verdadera emoción, sino que ésta será siempre producto de una acción realizada con absoluta verdad. Es la acción la que dará paso a un estímulo que despierte alguna emoción

Para interrumpir la infructuosa discusión y poder ayudarla desde una vía más eficaz para la ocasión que la cognitiva, le pido que se retire de la sala un momento para pactar algo con el resto del grupo. Ella se retira y yo observo que quedan 40 minutos de clase. Le pregunto a su compañero de escena si estaría dispuesto a pasar el resto de la clase entre bambalinas y dice que sí. Luego pido la solidaridad del resto del grupo para hacer lo que llamo “un experimento”. Les digo que volveré a pedirle a Ester que entre a escena y solamente espere hasta que entre su compañero. Nosotros ya sabemos, pero ella no, que su compañero no va a entrar nunca. Les aclaro que, como todo experimento, yo no sé cuál será el resultado, y quizás estemos el resto de la clase sin hacer nada más que mirar a Ester sentada en el escenario, pero en cualquier caso intuyo que algo vamos a aprender todos. Aceptan y hacemos entrar a Ester con la siguiente instrucción:

– Siéntate con todas las circunstancias de tu personaje presentes, pero no hagas nada más que esperar a que entre tu compañero de escena. En cuanto llame a la puerta podrás hacer algo más. Ester acepta, esperando que en unos segundos entre su compañero.

Quien alguna vez estuvo actuando en un escenario, sabe lo largo que pueden hacerse unos pocos minutos cuando las cosas no suceden como se espera. Empieza a transcurrir el tiempo en medio de un silencio total y respetuoso, de acompañamiento a lo que ahora sí es una situación de riesgo escénico. Ester cumple a rajatabla la consigna e intenta no moverse de su silla pero más allá de lo que se proponía, empieza a ponerse tan nerviosa que se le cae un sobre que tenía en la mano, se agacha para recogerlo y casi se cae de la silla. Todo esto es auténtico, genuino, singular, transmite emoción porque ella lo siente. Esperando de verdad que entre su compañero de escena puede transitar una espera real y, en pocos minutos, reproducir la situación que se proponía de haber estado esperando muchas horas. En un momento dado, como la percibo muy angustiada, le digo que no abandone las circunstancias de su personaje en ningún momento, que ahora no intente comprender lo que está pasando y que confíe en que lo único que le toca hacer es lo que llamamos “defender al personaje” y recordar que todo lo que está sucediendo aquí y ahora le está sucediendo a su personaje. No han pasado más que unos tres minutos -que parecen una eternidad- cuando me parece que a Ester ya le empieza a costar reprimir el llanto y le digo que, solo si realmente no puede controlarlo más y es verdadero, tiene permiso para llorar.

Es entonces cuando estalla en un llanto auténtico, fácil, liberador. En estos casos es importante retomar la escena para que no se produzca en la actriz ninguna confusión entre la ficción y la realidad así que le hago una seña a su compañero para que entre a representar la escena. El encuentro entre ambos es realmente emotivo. Todo lo que sucede a partir de aquí es tan verdadero que parece real. Se ha generado la magia de la verdad escénica y Ester ha aprendido algo que, con los años, me dirá que nunca olvidaría.

Le pregunté:
¿Crees que hoy has aprendido algo?
Si, me contesta
¿Que?
El proceso de la emoción. Gracias- me dice y la vemos marcharse feliz.

Fdo.: Claudia Fres
Extracto de la Tesina “Teatro Terapia Gestalt” presentada en la Asociación Española de Terapia Gestalt. Granada 2013

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