El teatro como herramienta de autoconocimiento

De niños, que nos miren nos hace sentir seguros
De mayores, mirarnos nos sana.

La mirada de otros y la autobservación tiene un valor terapéutico incalculable porque durante años guardamos información retenida y mal almacenada. Cuando actuamos sobre el escenario, interpretando roles, personajes o a nosotros mismos, se ponen en marcha todos nuestros mecanismos neuróticos y esa es la forma que tiene el teatro de mostrarnos en qué punto de nuestra vida estamos.

En el teatro miramos a otros y otros nos ven, la información fluye, se actualiza, como dice Claudia Fres y es susceptible de ser transformada en respuestas sanadoras con las que generamos nuevas formas de relacionarnos con los demás y con nosotros mismos.

El escenario es un vientre seguro porque no juzga lo que construimos para defendernos cuando eramos niños, pero también es una fuente generadora de opciones de respuestas nuevas porque cuando actuamos nos damos permiso para ser y hacer lo que nunca hemos hecho antes. El generoso puede ser avaro, el inocente retorcido, el humilde orgulloso, el miedoso atrevido, el poderoso débil, etc. Todo esto es posible porque la ficción dentro de una escena nos permite poner en juego nuestra parte oculta en un sitio ( el escenario) donde existen reglas y límites que nos dan la opción de ser libres con seguridad para nosotros mismos y para los demás.

La clave en todo esto es dejar de temerle a la mirada de los demás y sobre todo a nuestro propio juicio al vernos, porque no hay nada más humano que defendernos y, al mismo tiempo, no existe nada más humano que evolucionar y ver que ya no existe el peligro de vernos y de que nos vean tal cual somos.

Paulina Ramírez Córdova
– Psicóloga Sanitaria.
– Miembro Titular de AETG, Asociación Española de Terapia Gestalt
– Terapeuta Gestalt
– Terapeuta Teatral formada en la Escuela Española de Teatro Terapia
Gestalt (TTG) dirigida por Claudia Fres.

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