Ficción: esa gran aliada del teatro terapéutico

n el año 2009, con motivo de su ingreso en la Real Academia Española el escritor José María Merino pronunció un discurso del que cito el siguiente fragmento:

. “(…) la realidad puede ser descrita de manera verdadera o falsa, pero la ficción siempre es un camino distinto del de la pura crónica y no pretende adscribirse a la mentira o a la verdad, porque la buena ficción siempre resulta una revelación, mediante lo simbólico, de lo que la realidad esconde. (…)

Si bien es cierto que gran parte del valor terapéutico del teatro reside en que el intérprete aporta sus propias vivencias al hacerse cargo de las circunstancias de su personaje asumiéndolas – como proponía Stanislavsky – como si…le fuesen propias en el aquí y ahora de la representación, es la ficción nuestra verdadera aliada a la hora de explorar situaciones que trasciendan lo cotidiano permitiéndonos ir más allá de la zona de confort, atravesando inseguridades y miedos sin que estos se interpongan a la experiencia.

La ficción tiene la capacidad de producir en el actor/actriz una sensación de impunidad. Un actor a su servicio puede explorar emociones evitadas en su vida cotidiana y realizar acciones habitualmente penalizadas, sabiendo que no habrá juicio ni perjuicio y, aun transitando emociones intensas y situaciones desafortunadas, la ficción le  permite jugar a que es como si no fuese yo  porque sabe que nada de lo que suceda en escena modificará su biografía personal.

O sea que la vivencia del intérprete en escena no solo es creíble sino que es verdadera, pero gracias a la ficción se elimina todo peligro pudiendo arriesgar ya que sabe que en el fondo solo es puro teatro.

Claudia Fres

Suscríbete a nuestra lista de correo para estar informad@